Algo con lo que siempre batallo cuando me pongo a escribir, programar o hacer cualquier actividad que requiera de mi creatividad es el perfeccionismo. No puedo evitar tener ese constante sentimiento de que lo que estoy haciendo no está “perfecto” y necesita más edición, más horas y más trabajo para llegar a ese punto en el que voy a quedar completamente satisfecho.

Esto se vuelve un problema muy grande, pues he dejado proyectos inconclusos porque simplemente no me gusta cómo está quedando lo que estoy haciendo. La frustración llega, aumenta conforme veo que mi esfuerzo no se acerca a la perfección y me doy por vencido. A veces siento como si tuviera un pequeño ser en mi hombro que siempre está mirando cuando inicio un proyecto nuevo, esperando su momento para entrar en acción.

El mejor ejemplo, de como mi obsesión con el perfeccionismo se mete demasiado en mi camino, es cuando estaba en la primaria. En aquellos años cuando me enseñaron a escribir, lo primero que aprendí fue a escribir con la letra cursiva. Por alguna razón, nunca he sabido porqué, me gustó muchísimo y hacía al pie de la letra (broma no intencional) los trazos que marcaba el libro que usaban para enseñarnos a escribir cursiva.

Era tanta mi obsesión por hacer la letra a la perfección que me atrasaba mucho con mis tareas y batallaba en clases porque los maestros iban más rápido de lo que yo podía escribir mis apuntes. Esto me frustraba tanto que eventualmente dejé de usar la letra cursiva y me pase a la letra de molde, lo cuál me llevó a, eventualmente, olvidar cómo se escribe en cursiva.

Este asunto del perfeccionismo me persigue desde que estaba muy chiquito y en ocasiones ha sido un gran obstáculo pero un día, no recuerdo bien en dónde, encontré una frase, un adagio, que me ha ayudado a aplacar un poco al el perfeccionismo: “Es mejor hecho que perfecto”.

En mi interpretación personal, lo que quería decir la persona que mencionó por primera vez esa frase sería: qué es mejor tener algo hecho, terminado, y que el mundo lo pueda ver a que nunca lo haga porque estás constantemente trabajando y puliendo hasta que sea perfecto. Esto no significa que te conformes con el primer resultado con tal de sacarlo a la luz, no, deberás buscar la oportunidad de mejorarlo más adelante una vez que ya lo hayas terminado en lugar de darle vueltas hasta el cansancio y el hartazgo.

Desde el día en que me topé con esa frase trato de recordarla cada que empiezo con el interminable ciclo de buscar la perfección en lo que estoy haciendo, porque si le hiciera caso el 100% del tiempo al perfeccionismo, habría un montón de posts, guiones y otras proyectos que nunca habría publicado porque están “imperfectos”.

Lo que me gusta de la frase es que la mayor parte del tiempo puede aplicarse con mis proyectos de programación y con los guiones porque en ambos hay momentos en los que puedo revisar por mi cuenta o con ayuda de un par de ojos extra, como cuando Gonzalo revisa estos posts o Cynthia revisa mis guiones, para editar y mejorar lo que ya está hecho, pues ¿cómo se supone que revise algo que ni siquiera existe?

La próxima vez que estés trabajando en alguno de tus proyectos y sientas que estás dándole vueltas sin llegar a ningún lado, que nunca se va a terminar, que tienes que seguirlo arreglando para que quede listo, trata de pensar en esa frase: “Es mejor hecho que perfecto”. Tal vez te ayude a aplacar al perfeccionista que llevas dentro y así puedas ver progreso en tus proyectos.